

En el mes de Septiembre de 2005 hice mi voluntariado en el pequeño
pueblo de San Francisco del Cabo, Esmeraldas. Fue mi tarea conseguir
plantas medicinales y su uso en el pueblo y sus inmediaciones. Al
principio tenía dificultades para acustumbrarme pero por la amabilidad
y el cariño de la gente esas dificultades desaparecieron muy pronto y
mi estancia se convirtió en un tiempo magnífico y educativo que no
puedo olvidar.
Yo me alojé en la casa de una familia de San Francisco. Fue
una buena experiencia para mí vivir directamente en una familia y
conocer la cultura. Estoy muy agrecida de ellos por alojarme con mucho
cariño.
Desde el principio me sentí como parte de la familia y de cualquier
problema podía hablar con ellos. Me acostumbré muy pronto a que no
había agua corriente en el Cabo y a tener que bañarme utilizando un
balde.
Yo comía en casa de otra familia en la que la duena de casa
siempre nos proveía con comida rica y abundante. Solo tuve que
acustumbrarme a comer arroz también en el desayuno. Ellos me recibieron
también como parte de su famila y ahí pasé mucho tiempo porque ellos
tenían muchos niños y yo, como hija unica, tuve muchos hermanos por
primera vez. Y es en gran parte por ellos que siempre voy a llevar esta
estancia muy dentro de mi corazón.
Como me trataron las dos familias, así me trataron todas las
habitantes: con mucho cariño y generosidad. Cada día cuando me iba para
trabajar me atrasaba un poquito porque estaba conversando con algunos
habitantes que había encontrado en el camino. Con gran curiosidad ellos
me preguntaban de mi país y mi vida. Nunca me sentí como una extranjera
sino como una persona interesante para hablar.
Al principio no sabía hablar espanol muy bien pero aprendí
rápido y al final no era tan difícil entender las conversaciones. Yo
era la única voluntaria en este tiempo y no tenía la posibildad de
hablar en otros idiomas. La gente en el Cabo habla más rápido que en
Quito pero después de algún tiempo es posible de acustumbrarse.
Para mi trabajo tenía que continuar la investigación de
Brandon Whitney del año 2004. Como él, me entrevisté con las parteras y
varias mujeres mayores que sabían mucho de las plantas medicinales.
También muchos de los otros habitantes conocían las plantas. El
resultado fue que encontré alrededor de 80 plantas con efecto curativo.
Cogía plantas para secarlas y hacer un herbarium. Algunas las planté
para la farmacia que esta en construcción por la Fundación ahora. Al
final resumí toda la información sobre las plantas en mi "informe final
de voluntariado". No coincidí con otros científicos en mi estadía, pero
no me sentí sola con mi trabajo porque tenía mucho apoyo del
coordinador local de la FCSF.
Una experiencia especial era investigar las plantas en Chipa,
una pequeña población, a dos horas del Cabo, en medio del bosque
humedo. Ahí un senor que tiene los conocimientos de su padre me ensenó
plantas del bosque que no son conocidas. Por la noche dormimos
escuchando los sonidos del bosque.
Cada dos tardes ensenaba inglés al grupo de "promotores de conservación
forestal" (surgido de un proyecto de la fundación) y otros habitantes
interesados. El grupo promotores se forma de gente que se ocupan del
medioambiente y el desarollo sostenible del Cabo. Esas personas se
compremeten muy sinceramente y hay un clima muy agradable en este
grupo. Estaba contenta de que podía ayudarlos ensenandoles inglés.
En mi tiempo libre siempre habían muchas cosas para hacer. Muy pronto
me conocían casi todos los ninos y siempre tenía mucha companía.
Jugabamos en la playa o en la calle. También caminabamos por la playa y
el bosque humedo.
Mi primera vez en el bosque fue muy fascinante. Ví el cacao, el café,
las naranjas, las mandarinas creciendo en los arboles. También ví
muchos arboles y plantas que no había visto antes, creo que caminaba
con la boca abierta. Mis amigos del Cabo que me acompanaron no podían
entender mi fascinación porque para ellos es normal. Ellos pueden
caminar por el bosque y coser algunas frutas cuando tienen hambre.
Los sábados eran los días del baile, por la noche mucha gente se iba a
la discoteca (al final de mi estancia abrieron otras dos discotecas)
para bailar y disfrutar. No es posible comparar una noche de baile en
Alemania con una noche de baile en el Cabo. La gente es más alegre.
Tenía la impresión de que cuando bailaban podían olvidar sus problemas.
Es increible como ellos pueden moverse al ritmo de la salsa. Yo también
aprendí salsa y así supe, finalmente, como mover mi cadera un poquito
más.
Hay muchos problemas en el Cabo. El más grande es la pobreza que
influye a todos los otros problemas. Ahora, después de mi estancia, me
preocupo por este pueblo y su gente amable. Espero que se mejore la
provisión medica, la educación de los jóvenes, el suministro de agua y
el sistema de basura. Ya la Fundación Cabo San Francisco ha hecho
algunos proyectos, como la implementación del sistema de agua potable,
el proyecto "bosque" con los viveros y las asociaciones comunitarias,
la construción de la farmacia y proyectos para la basura, para mejorar
la situación y por eso ella necesita gran apoyo.
En mi estancia aprendí mucho, experimenté un carino especial y conocí a
personas interesantes y muy amables y otra manera de vida, fue muy
difícil macharme de este lugar.
No es posible devolver a la gente lo que me dio. Espero que
con mi trabajo puede ayudarlos un poquito. Lo que me queda es el deseo
muy sincero de que sus condiciones de vida mejoren y que conserven su
alegría. A pesar de todos los problemas el Cabo es, y seguira siendo,
un paraiso para mí. Espero poder volver algún día.
Sarah Moritz
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